Las sesiones se estructuran con entradas y salidas lentas, uso de bloques, correas y apoyabrazos, cuidando cuello, caderas y rodillas. La respiración guía el esfuerzo. Al finalizar, una breve meditación frente a los prados silencia ruidos mentales y fortalece confianza motora para caminar, levantarse y disfrutar mejor las comidas.
Piscinas climatizadas con rampa y barandales permiten trabajar flotabilidad, movilidad y circulación sin dolor agudo. Chorros específicos liberan espalda y pantorrillas. Alternar agua tibia y estiramientos livianos mejora el sueño. Tras la sesión, una infusión de hierbas del huerto sella el bienestar, evitando deshidratación y mareos por cambios térmicos.
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